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Dos semanas en el sudeste de Asia

09 Jul Dos semanas en el sudeste de Asia

Fotografías por Macarena de Arrigunaga y Diego de Arrigunaga
Escrito por Macarena de Arrigunaga

Nos movimos tanto durante el viaje que sentí que viví dos meses en dos semanas. Las únicas pausas fueron en los camiones y aviones, y durante el café de la mañana. Me gusta la manera en que el tiempo se extiende cuando viajas, como si las horas se hicieran más largas solo para que yo pueda tener más tiempo para ver, caminar y probar cosas.

TOKIO

Nuestra primera parada fue Tokio. Lo poco que tuve tiempo de entender durante mi estancia fue que el silencio, la amabilidad y los modales son sagrados en esta ciudad. En el metro la gente murmura y las calles pueden llegar a sentirse desoladas aunque estén rodeadas de personas.

Me llamaron mucho la atención los parques. Me dio la impresión de que aquí el contacto con los árboles, las plantas y el aire libre son una parte indispensable de su vida diaria. Tokio está lleno de parques, cada uno más impresionante que el anterior. Como en cualquier otra ciudad, la gente acude a ellos para desconectarse un rato: hacer ejercicio, armar un picnic, caminar descalzo o solo a tumbarse a mirar el cielo un rato. Cinco parques imperdibles son:

1. Parque Ueno: ubicado en una de las zonas más bonitas y auténticas, reconocido por su maravilloso “Cherry Blossom”.

2. Shinjuku Gyoen National Garden: localizado a solo 10 minutos de la estación de metro de Shinjuku.

3. Parque Yoyogi: el parque con estilo occidental más grande de Tokio.

4. Jardín del Palacio Imperial: está lleno de templos, un palacio y un museo que exhibe más de 9500 obras.

VIETNAM

Nuestra segunda parada fue Hanoi, la capital de Vietnam. Aquí todo mundo anda en sus montonetas y la ciudad tiene una energía que nunca había visto en mi vida: gritos, puestos de comida, música, colores, ruidos… Su actividad favorita es tocar el claxon (haya o no haya alguien cruzándose en el camino), no hay semáforos y parece que todos están luchando por demandar su lugar dentro de ese caos. En Hanoi, podrías pasar todo el día sentado en una banca y no te aburrirías de solo observar. Los vietnamitas suelen ser muy amables, les gusta tener diálogos largos contigo aunque seas un desconocido y tienen una capacidad increíble de quedarse dormidos donde sea. Algunos sitios que vale la pena visitar son:

1. El museo de la historia militar de Vietnam: La experiencia dentro de este museo me pareció algo brutal, las imágenes e historias de la guerra son impactantes y conmovedoras.

2. La orilla del lago fue mi parte favorita de Hanoi. En este sitio hay una calma que no encuentras en ningún otro rincón de la ciudad.

3. La tumba de Ho Chi Minh: aquí es donde descansa este líder revolucionario, que además consolidó a Vietnam como un país independiente. Se trata de una estructura gigante con tintes soviéticos.

4. Visitar Sapa: una pequeña ciudad comercial donde durante muchos años se han reunido las tribus locales para mercadear. Puedes llegar desde Hanoi por un tren nocturno y es el lugar ideal si lo que quieres es hacer ecoturismo o senderismo alrededor de los cultivos de arroz.

5. Tomar un tour a las famosas islas de Ha Long Bay: a solo 3 horas en camión y puedes pasar la noche en alguna embarcación. Esta belleza natural cuenta con islotes que salen del mar como en una película de ciencia ficción. Puedes hacer kayak y parar en algunas playas a tomar el sol y nadar.

LAOS

Nuestra tercera parada fue Laos y nos quedamos en Luang Prabang por cuatro días. Mas que una ciudad, parece un pueblito donde monjes, turistas y pescadores conviven. Leí que Laos abrió sus puertas al turismo hace apenas 30 años, y esto le da un sabor distinto al resto del sudeste asiático. Hay una cantidad incontable de templos, en el amanecer la gente sale a la calle a comprar arroz para los monjes y estos pasan en fila india a recibirlo a manera de ofrenda. En las tardes, puedes escuchar cantos y rezos saliendo de los templos. Los monjes son casi autosuficientes, viven de sus recursos y se apoyan entre sí con lo que haga falta.

Cada noche, se monta un mercado de accesorios y comida deliciosa. Para ver el atardecer puedes subir un monte con vista a toda la ciudad y ahí se reúne mucha gente a tomar una cerveza mientras miran el sol meterse entre las montañas. Luang Prabang está rodeado de montañas y delineada por los ríos Mekong y Nam Khane. Si llegas a cansarte de ver templos, puedes ir a visitar a los pescadores que lanzan sus redes desde sus canoas. La luz de la tarde desde el río es hermosa, se respira una tranquilidad increíble y te hace pensar que hay lugares demasiado bonitos para ser verdad. Algunas actividades que puedes hacer en la ciudad y sus alrededores son:

1. Visitar un santuario de elefantes: asegúrate de que tenga como misión la conservación de la especie, que los elefantes vivan en un ambiente sano y que no haya maltrato. Recomiendo el santuario Mandalo, pues a diferencia de otros lugares, los elefantes aquí viven con libertad, no están encadenados, cuentan con servicios médicos y no los puedes montar.

2. Ir a nadar a la cascada Tad Yuang o Tad Sae: dos cascadas inmensas con agua azul turquesa y donde hay muchos pecesitos que te muerden los pies. Si tienes suerte, incluso puedes nadar con elefantes en Tad Sae.

3. Tomar un masaje tradicional de Laos: te estiran, truenan y enderezan todo el cuerpo. En el Sanctuary Hotel tienen unas masajistas excelentes y te aseguro que saldrás renovado.

CAMBOYA

Nuestra tercera y última parada fue Camboya. Pasamos los próximos cuatro días en Siem Reap y dedicamos la mayoría de nuestro tiempo a las ruinas de Angkor. Todo de esas ruinas es espectacular: el camino para llegar rodeado de árboles y campo, las diversas estructuras extrañísimas, los lagos, los monos que de vez en cuando se cruzan por tu camino. En especial me gusto Ta Prohm, pues la selva empezó a comerse parte del templo. Hay árboles trepados en las paredes y raíces que quebraron el piso para poder crecer. Algunas actividades imperdibles en Camboya son:

1. Ver el amanecer en Ankor Wat, el templo principal.

2. Rentar motonetas para visitar las comunidades flotantes (Tonlé Sap) y los campos de arroz en las afueras de la ciudad. Los campos de arroz son muy bonitos porque no ves nada más que millas y millas de pasto con cielo despejado.

3. Ir al “Cambodian Circus Show”: el circo en Camboya rompe con las reglas convencionales y está a la altura de otros espectáculos reconocidos a nivel mundial como el Cirque du Solei. Está enfocado en el performance y tiene un fuerte mensaje social.

Más allá de estas recomendaciones, creo que la importancia detrás de cada viaje recae en formar experiencias únicas. Cada viaje es una búsqueda de sentido que nos enriquece individualmente: nos vuelve más empáticos e interesantes; nos motiva a seguir conociendo y explorando; nos abre perspectivas distintas para configurar y entender el mundo. Viajar para abrir los ojos y asombrarnos con la infinitud de maravillas que cada destino tiene guardado para nosotros.

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